Everybody Knows That the Boat is Leaking

Yara Sonseca Mas

 

 

Everybody knows…

 

El levantamiento del mosaico de Lod dejó al descubierto una huella: la de alguien que estuvo allí, en el siglo III, ocupándose de asentar las teselas que adornasen el suelo de aquella casa patricia. El lecho del mosaico, encontrado por casualidad, dejó ver el negativo de un pie. Allí apareció literalmente una huella del proceso, que quedó desvelado como un libro abierto. Aquí un rollo muestra in situ, en esta sala, la letra de una endecha: in situ, ex situ, non situ… Un alma cautiva y un león desarmado se enfrentan, vueltos del revés, para que podamos verlos y leerlos en un momento intersticial.  Ambas figuras, petrificadas, hechas de añicos, están preparadas para transportarse y transportan -metáforas en el sentido literal- de una posible lectura a otra, de las raíces a las puntas de una historia mil veces contada, y vuelta a empezar. Una historia que todos conocemos y parece no tener principio ni final.

 

En las paredes, baldosas de terrazo hechas de trozos geométricos, desubicados… Primero fue la decoración, que diría Alois Riegl. Otras huellas, domésticas también, y también fuera de lugar. De nuevo metáforas, esta vez de una realidad igualmente contemporánea aunque más reciente: de las colonias griegas, romanas, otomanas, hasta las colonias del capitalismo. Construcción, deconstrucción, “gentrificación”… El mar como telón de fondo. El Mediterráneo sanguinolento y antiguo, en el que pretendemos lavar por la vía rápida lo que ensucia y molesta a corto plazo. Pero las olas devuelven lo que no pueden digerir. Ulises debe regresar y así completar el viaje. De la misma forma, los restos de la ensoñación inmobiliaria regresan a la orilla. Y Ella Littwitz está allí para recogerlos y tejer con ellos un nuevo suelo que nos sostenga, porque todos sabemos lo que hay, pero seguimos esperando un mundo mejor.